Hombres el #7N con faldas, sí por favor!

Hombres! Que vuestra performatividad sea política! Acudid en masa vistiendo faldas de colores! Desmarcaos de la manada! Cuestionad de una vez vuestra tradicional “masculinidad”!

Este sábado 7 de Noviembre 2015 tendrá lugar la gran MARCHA ESTATAL CONTRA LAS VIOLENCIAS MACHISTAS  en Madrid. Y las manifestaciones son eso, protestas altamente performativas que tienen el objetivo de producir efectos políticos.

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Padres anti-patriarcales protestan contra la violencia machista vistiendo faldas, de la mano de sus hijas en Turquía.

Vivimos en un mundo diverso atravesado por el universal sistema patriarcal. Es decir, a pesar de la diversidad de sociedades que comportan nuestro mundo, (casi) todas se basan en un sistema jerárquico con preeminencia del hombre y la consecuente subordinación de la mujer.

La violencia contra las mujeres emana de este sistema y por tanto, su erradicación pasa por subvertirlo. Sin embargo, “el patriarcado” aun se resiste violentamente a cualquier cambio. Como dice Heidi Hartmann, hay que obligar a los hombres a asumir sus responsabilidades domésticas y de cuidado. Pero, romper los roles de género implica que los hombres renuncien a sus privilegios, cambien sus actitudes y abracen, con nosotras, otro orden social basado en la justicia y en la igualdad.

Repito, la violencia machista hunde sus raíces en el sistema de control social patriarcal. Y la violencia ejercida, junto con la amenaza de su uso, son los métodos por los que el hombre salvaguarda no sólo sus pertenencias, sino la propia estructura, el orden de las cosas, por la que él es dominante: “En el seno del sistema patriarcal encontramos los mecanismos fundamentales que generan, naturalizan e invisibilizan la violencia contra las mujeres, desde la más indirecta y sutil a la más evidente” (Neus Roca, 2011)

En nuestra sociedad patriarcal y violenta, todos los hombres se benefician de los privilegios que este sistema aporta, sean o no individuos violentos[1]. Igualmente, todas las mujeres se encuentran subordinadas, aunque no sean agredidas individualmente.

No es suficiente que los hombres a título individual no hagan uso de la violencia, sino que deben renunciar a sus privilegios.  Como escribe Bonino, no basta con abandonar las actitudes de “machismo puro y duro”, si se sigue conservando la pre-eminencia social, política, económica, y cultural:

“para este cambio es necesario lograr que los varones puedan estar dispuestos a una autocrítica sobre su ejercicio cotidiano y naturalizado de los “privilegios de género” … el paso siguiente para los varones será poner en juego un esfuerzo para el cambio pese a las dificultades y renuncias pertinentes…” (2006)

Esta reflexión no es baladí:si la identidad masculina normativa es la que aporta beneficios políticos desiguales, lo que se está pidiendo es nada menos que la renuncia a la identidad construida en desigualdad.

En un sentido más amplio, lo que se exige es una transformación del sistema sexo-genero, por el que los hombres tienen más valor y más poder que las mujeres. Es uno de los tres ejes retro-alimentadores de la violencia patriarcal identificados por Roca. Sin duda, cuestionar el sistema sexo-género es un planteamiento político que actúa como una pequeña piedra en un estanque, que provoca un efecto de ondas capaces de mover y remover las aguas.

¿Entonces,  qúe hacen unos pocos hombres vestidos con faldas?

La autocrítica masculina es peligrosa para el sistema patriarcal.

En los últimos dos años y en este mundo tan diverso, hemos asistido a algunos ejemplos*, que tal vez podríamos seguir en España:

*Acabo de descubrir este reciente ejemplo en Argentina!

TURQUÍA
Como reacción al intento de violación y posterior asesinato con saña de la estudiante Özgecan Aslan y la ola de asesinatos machistas en Turquía durante el 2014, una veintena de hombres, flanqueados por cientos de mujeres, se manifestaron por el centro de Estambul, luciendo minifalda como protesta contra el terrorismo machista. Sus motivaciones quedan claras por sus propias palabras:
“Llevamos minifalda para criticar a quienes piensan que si las mujeres no llevasen minifalda no les pasaría nada. Las libertades de la mujer están muy limitadas en Turquía. Hay una dominación del hombre. Esto no daña sólo a las mujeres, daña a toda la sociedad.”

Otro hombre clamaba estas consignas caminando puño en alto:
“Tenemos que acabar con el patriarcado en todas partes, en casa, en el trabajo, fuera de él. El machismo de los hombres, de los niños, de la gente mayor, incluso el machismo de la mujer. Sin acabar con ello no se puede construir una sociedad en paz. !Abajo con el machismo!”

En la manifestación se portaban pancartas con mensajes como, “Mujer no significa familia”, “La violencia de género es política“, “Parlamento, tome medidas urgentes“.
La acción, que tiene lugar en un clima de fuerte regresión de los derechos de la mujer en Turquía, llamó la atención del presidente del país, Recep Tayyip Erdoğan, que en tono burlesco declaró:
“¿Se llaman a sí mismos hombres? ¿Qué hombres? Los hombres llevan pantalones, pero ellos llevan faldas. Se esconden. ¿Por qué llevar máscara si no eres terrorista?”
AFGANISTÁN

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El 5 de marzo de 2014, con motivo del Día Internacional de la Mujer, un grupo de unos veinte hombres se manifestaron en burqa en Kabul portando una pancarta con el lema, “Decimos NO a todas las formas de violencia

Según la noticia de la agencia Reuters,  el burqa es considerado por la sociedad afgana como el símbolo de la represión Talibán, ya que cuando gobernaban obligaron a todas las mujeres a vestir esta prenda tradicional en público. Todavía hoy se sigue llevando predominantemente en zonas rurales.
“Uno de los mejores modos de entender cómo se sienten las mujeres es
pasear llevando un burqa”, explicó uno de los jóvenes, “es una prisión.” También han exhibido pancartas con el mensaje “no les digas a las mujeres qué ponerse, deberías taparte los ojos”.
La acción provocó reacciones diversas, principalmente de rechazo y ridículo, pero también de curiosidad. Un hombre comentó enfadado “¿Qué interés tiene? Todas las mujeres de mi familia llevan burqa. No les dejaría salir sin uno.” Algunos criticaban a los manifestantes porque decían que “los derechos de las mujeres fomentan las violaciones”. Mientras que una mujer joven de 16 años, advierte que “No necesitamos a nadie para defender nuestros derechos. Esto es un proyecto extranjero para crear una mala imagen del burqa y de Afganistán. Están intentando hacernos sentir mal a las que cubrimos nuestra cara”. Una mujer de 60 años vestida con burqa, se ha mostrado menos molesta por la protesta. “Mi marido y mi hijo me dicen que debería quitarme el burqa. Pero estoy acostumbrada a llevarlo. Lo he llevado durante 35 años”, ha explicado.

Pero, más allá de interpretaciónes islamófobas sobre el velo, el hijab, el burqa etc, de nuevo lo más interesante es que esta prenda femenina la porten los hombres en protesta contra la violencia de género.

FRANCIA

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El 16 de mayo del 2014, alumnos y alumnas de 27 institutos de secundaria en la región francesa de Nantes acudieron a clase llevando faldas como protesta contra el sexismo. El lema de la jornada, “Lo que levanta la falda”, se tomó del título del libro escrito por la historiadora feminista Christine Bard, que reflexiona sobre el simbolismo político de esta prenda, que sitúa dentro del debate de las identidades de género. La idea fue iniciativa de unos chicos y aceptada por las autoridades educativas. Arthur Moinet, uno de los adolescentes organizadores, comenta “Nos dimos cuenta de que en muchos institutos de nuestra región hay muchos casos de sexismo y discriminación, así que pensamos que deberíamos hacer algo para cambiarlo, así que se nos ocurrió esta idea.”
La jornada se enmarcó en el contexto de un debate nacional entre el reconocimiento progresista de reivindicaciones históricas del feminismo y movimientos LGBT. Dicha iniciativa provocó una dura crítica de sectores conservadores franceses ligados al movimiento en contra del matrimonio homosexual. Incluso se organizaron contra-protestas “pacíficas” a la entrada de algunos centros educativos. Según la asociación pro-familia y homófoba Manif Pour Tous, esta iniciativa, “… es un nuevo ejemplo de las consecuencias de este tipo de enseñanza en las escuelas que conduce a una pérdida de puntos de referencia básicos de la identidad de los niños y niñas.” Esta asociación es la responsable de la organización de manifestaciones masivas en contra del matrimonio homosexual (aprobado en Francia en 2013) y de las enseñanzas de género en las escuelas. Identifican la teoría de género como el “enemigo”, como reza la pancarta “No a la Teoría de Género”.

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ESPAÑA

Si todavía no te has enterado de la situación de fuerte regresión patriarcal en España y por qué hay que acudir a esta manifestación, te recomiendo esto, esto, esto y esto.

“Con faldas y a lo loco”, por favor.

La potencia de estas tres protestas se basa precisamente en la transgresión de la performatividad de género.

Desde el punto de vista del análisis performativo, sostengo que el hecho de que estos hombres se vistan de mujeres no se debe interpretar superficialmente. Aunque sus acciones son minoritarias, han merecido la atención de los medios, han provocado la reacción de presidentes, y han sublevado a sectores conservadores enteros. En estos tres casos, las reacciones han sido consecuencia de su provocadora “puesta en escena” performativa, que conscientemente o no, suponen un desafío que amenaza el statu quo.
“Performance”, es un término inglés que significa representación o puesta en escena. Es una manera de comunicar utilizando el propio cuerpo. La fuerza de transmisión de su mensaje supera la del cartel escrito, la palabra pronunciada, el grito lanzado o la imagen bi-dimensional: el cuerpo, con toda su potente carga de fisicalidad, insuflada por la transcendencia de la vida, se convierte en el mensaje.

Las prácticas performativas como protesta tienen una rica tradición que se repite a lo largo de la historia y de los países. Desde las Abuelas de la Plaza de Mayo, girando infinitamente con sus pañuelos blancos atados sobre sus cabezas hasta que les devuelvan a sus “desaparecidos”; hasta Rosa Parks, que con su desafiante sentada en un autobus en Montgomery, Alabama, lanzó a los medios las reividicaciónes por los derechos de la población negra de EEUU. Son representaciones vivas de desobediencia que encaran las violencias sufridas.
Según Diane Taylor, las performances de los activistas transmiten información cultural codificada que se entiende solamente en relación con el contexto histórico, cultural y social donde se desarrolla. En el código de señales de la sociedad patriarcal-violenta, la falda y la minifalda son símbolos de mujer sexualmente provocadora y el burqa es símbolo de mujer-sexualmente modesta. Son ambas caras de la misma moneda, que hace que la mujer sea responsable de la violencia ejercida contra ella, transfiriendo así la carga de la culpa del perpetrador a la víctima.

En estos casos, vestirse de mujer es un acto lleno de alusiones a la transgresividad. Como escribe Taylor “En un nivel pragmático, la performance desarrolla la condición de (im)posibilidad impuesta.” Aquí, el simbolismo va más allá de otras protestas insertadas en la sociedad del espectáculo, que utilizan una cierta coreografía o se ayudan de algún otro atrezzo, como las conocidas caceroladas, flash-mobs, o escraches. Las protestas de estos hombres van directamente al corazón del asunto porque subvierten la performatividad de género sobre la que escribe Butler, es decir, la constante producción de las diferencias que hacemos a diario, individual y colectivamente, por la que construimos y se construyen nuestras identidades.

Estas identidades diferentes nos van colocando en posiciones jerárquicas asímetricas de género. El proceso se refuerza mediante la violencia cuando es “necesario” para mantener el dominio patriarcal (Roca, 2011). Por ello, la naturaleza trangresora de la performatividad de género protagonizada por los hombres tiene un mayor eco social. Resulta más alarmante justamente por ser el grupo dominante.

La puesta en escena.
En un primer nivel, estos actos parecen bastante simples y tal vez en ello radique su fuerza. Por un lado, no es más que ponerse una falda o un burqa y salir al espacio público (la calle, la escuela). Pero por otro lado es mucho más: es convertirse, no solo en lo que no son, sino en lo que no deben ser. Están atacando el binomio hombre-mujer de la manera más frontal: es como si la identidad de género estuviera compuesta por vasos comunicantes por los que a medida que se adopta simbología femenina desapareciera su
masculinidad.

Son actos sencillos y austeros pero que resaltan la conexión profunda entre el manifestante y el objeto de su denuncia, la mujer violentada. Se están poniendo simbólicamente en su piel y en un nivel de vulnerabilidad. Se exponen provocativamente a la ridiculización, renunciando a su fuerza patriarcal. Con todo ello están llevando a cabo un acto político, como reza uno de los carteles de los manifestantes turcos, “La violencia de género es política”.

Si la minifalda, cuando la lleva una mujer es una provocación sexual,
ahora también es una provocación pero esta vez proyectada sobre su propia
masculinidad. El mismo lema de los estudiantes franceses “lo que levanta la
falda”, en francés, ce que souleve la jupe, es una alusión figurada a la
sublevación, al levantamiento. Se podría interpretar como una resignificación
de la provocación sexual a la provocación política. La acción llevada a cabo en Afganistán tiene el mismo efecto desafiante precisamente por vestir la prenda contraria, la de la no-provocación, porque pone en tela de juicio el control del cuerpo de la mujer. Efectivamente, la reflexión de uno de los manifestantes sobre cómo se sentía, “como en una prisión”, revela el fondo de la cuestión: la de mantener a un grupo de la población en condiciones análogas a la criminalidad, de nuevo trasladando sobre ellas la carga de la “culpa”, esencialmente provocadoras.

A sabiendas de la atención que atraerán, toman el espacio reservado a los hombres, lo público, la calle,  y lo feminizan. En el caso de Francia, donde el espacio que se toma es la escuela, la virulencia de la reacción de las fuerzas conservadoras revela el rol estratégico que tiene la educación en la socialización ideológica de las personas. La furia de las reacciones que provocan estas transgresiones son las que completan su significado.
Y es que, como se ha mencionado anteriormente, las manifestaciones performativas se inscriben en las tácticas de desafío a la autoridad, a la normatividad. “Para atar todas las piezas y darles coherencia necesitan del público” (Taylor). En el caso de Turquía, vemos como el presidente, cuyas declaraciones se han detallado anteriormente, es capaz de burlarse de la “hombría” de los manifestantes en un triple salto mortal retórico, equiparando la minifalda a una máscara y tildándoles de terroristas. Sus palabras dan de lleno en el significado de la performance: cuestionar el sistema sexo-género es percibido como una amenaza terrorista. Erdogan interpreta el hecho de disfrazarse de mujer como una deshonestidad, aludiendo al término “máscara”, icono irónicamente compartido por terroristas y actores teatrales. Está en línea con los comentarios del Ministro de Relaciones, que ante la alarma social sobre el asesinato de Özgecan Aslan, pidió la reinstauración de la pena de muerte y dijo, “si eso le pasa a mi hija, cojo la pistola y busco venganza”. Por tanto, lo afronta como un problema personal y no estructural. Su solución autoritaria y violenta proviene de la actitud patriarcal de protección a su hija como si fuera
de su propiedad.
Igualmente, en el caso francés, la asociación Manif pour tous, interpreta la acción como un ataque al orden establecido. –nada menos que en la línea de flotación de la socialización ciudadana, la escuela. Estos alumnos están desafiando la teoría conservadora que mantiene que la diferencia entre sexos está biológicamente determinada, es natural y necesaria. Esta naturalización de la desigualdad es la piedra angular de la violencia patriarcal.

Soy conscientes de que las acciones descritas no constituyen un cambio generalizado de la actitud y posición de los hombres. Las resistencias son muy grandes y las raíces del patriarcado muy profundas. Pero valoro muy positivamente que algunos hombres empiecen a cuestionarse sus privilegios, muestren su desprecio por la violencia y aboguen por un cambio social basado en el respeto y la igualdad.

El vigor con que actualmente aún se mantiene ese activismo social de la mirada de género, a pesar de algunos retrocesos, nos hace pensar que caminamos en el sendero de la transformación siempre que mantengamos una posición crítica. No podemos olvidar que se trata de una carrera de fondo.
Para llegar a la meta de esta carrera de fondo, es conditio sine qua non la alianza con los hombres. Hombres que quieren también un cambio social basado en la igualdad entre hombres y mujeres. De ahí la eficacia de las acciones descritas: cuando son los hombres los que se rebelan y denuncian los códigos machistas en los que han sido entrenados  están tocando el centro neurálgico del sistema patriarcal contribuyendo activamente a  su desligitimación.

No camines delante de mí, puede que no te siga.
No camines detrás de mí, puede que no te guíe.
Camina junto a mí y sé mi amigo
Albert Camus

[1] No entraré aquí en las maneras en que este sistema sin duda es violento, oprime y moldea también los hombres. Pero en ningún caso se puede trazar una equidistancia, ya que en todo caso esos “sufrimientos” les colocan en una posición de dominio, mientras que para la mujer en una de subordinación.

Escrito junto a mi amiga Marta Neira Reina

Mi hijo, el novio de tu hija.

Hoy he leído el excelente post de Flor de Torres Porras, Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual y Fiscal Decana de Málaga, titulado “El novio de mi hija”. Aludiendo a la “Guía de  madres y padres para hijas que sufren violencia de genero con el elocuente título: ‘El novio de mi hija la maltrata. ¿Qué podemos hacer?‘”, de Torres Porras hace un potente llamamiento a la educación de las y los jóvenes. Reivindica la erradicación de la violencia de género de raíz, mediante la educación, la detección, la denuncia y por supuesto el desmantelamiento de los roles patriarcales dominantes. La guía, excelente y necesaria, se dirige fundamentalmente al objeto de la violencia, las hijas.

Pero yo necesito una guía complementaria, que vaya unida a esta, que sea su guía compañera, porque yo solo tengo hijos.

Un día, uno de mis hijos, que tiene ya sobrada edad de raciocinio, me dijo (tímidamente) algo así como, “!Jo! Mamá, todo el día con el feminismo!”. Le tuve que responder que estar “todo la vida con el feminismo” era la única manera de protegerles contra el patriarcado, ya que el enemigo me supera por todos los flancos. Creo que me entendió.

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Como todas las madres y padres, trato de criar a mis tres hijos varones, para que sean, como mínimo, buenos, felices, sanos, críticos, curiosos, justos, sinceros, inteligentes, conscientes, y en lo que puedo, igualitarios. No es fácil, como todo el mundo sabe, formar a personas íntegras y amorosas. Y eso a pesar de que tengo ayuda, pues puedo decir que, más o menos, las estructuras socializadoras también quieren personas buenas, justas, inteligentes etc. En esas cosas (por lo general) nadamos a favor de corriente. Bueno, menos para lo último, lo de igualitarios, para eso, estoy casi sola, a contracorriente, agotada.

Ilustración de Jacky Fleming: http://www.jackyfleming.co.uk/

Sed justos, la mitad para cada uno; por lo menos hasta que seáis mayores, entonces Mickey recibirá más que tu, sin ninguna justificación. Ilustración de Jacky Fleming: http://www.jackyfleming.co.uk/

Le respondí a mi hijo que a veces no me dan las dos manos, con todos sus dedos, para tapar las vías por donde entra el agua de la socialización de género que intenta desestabilizar nuestra barca (en nuestro caso, la masculinidad hegemónica ). Nos ahogamos de socialización patriarcal. Nos inundamos de cuentos donde los protagonistas son de su mismo sexo (salvo cuando no, que entonces ya sabemos que como esas protagonistas no hay que ser); y novelas, y libros de texto, (y eso que nos hemos librado de ese gran libro socializador patriarcal: la Biblia) y programas de la tele, y “hombres mujeres y vice-versa”, y películas, y superhéroes; y líderes políticos, y empresarios, y científicos, y deportistas, y escritores, aventureros y espías. Todos, sí “os”, son de su mismo sexo, salvo que haya una excepción, que generalmente sirve para confirmar la regla: ellos valen más que ellas.

Y para que eso sea así hay un código que manda que ellos son (por naturaleza) y deben ser (bajo amenaza de traicionar su mismísima identidad individual y colectiva) todo lo que ellas no son: fuertes, decididos, listos, competitivos, capaces de superarlo todo, sin vulnerabilidades, que únicamente expresan emociones nobles, que saben reprimir todo lo demás, incluido el dolor físico. A cambio, recibirán una corona de espinas, que si son capaces de llevarla, dominarán el mundo, “como tiene que ser”.

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A veces, no, a menudo me canso. Porque mi labor (no sé si de Sísifo, o de Penélope) se renueva cada día. A diario tengo que reponer los ladrillos que por X o Y experiencia con los amigos, en clase, en el deporte, se han venido abajo.

No puedo contra el océano y paso por alto “cosas”. !Yo misma reproduzco los patrones de vida que intento evitar!

Tengo que elegir las batallas, para conservar energía, cual estratega de larga campaña. A menudo me conformo con ganar el pequeño terreno que pueda. De vez en cuando encuentro alguna “lección” desde fuera, e intento darle protagonismo, pero con poco éxito sostenido:

“Mira, cariño, sabías que Serena Williams es la mejor deportista de Estados Unidos de la historia, incluso más que Michael Jordan! Ah; que no van a retransmitir la final femenina de Wimbledon…. que pena, pero sí, hijo, lo que yo te digo sigue siendo verdad. Ah, que dan el Tour de Francia, mira hijo como utilizan a las mujeres cómo caramelos para los ojos, premios del guerrero, qué horror. No, hijo, aunque tengas éxito en la vida, no te corresponde como premio una mujer.”

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Con frecuencia utilizo todo el material que me brinda el mar patriarcal para señalar contraejemplos, provocar conversaciones, sembrar dudas. Cuando me oyen resoplar, ya saben que viene algún comentario. Pero lo negativo nos cansa, tanto a mí como a ellos.

No en vano, es más fácil, más placentero, “entra mejor” aprender por modelos, arquetipos, ejemplos a los que aspirar. Y parece que el patriarcado personificado lo sabe, pues funciona. Y cuando todo lo que nos rodea dice lo mismo, pues honestamente, a los inocentes ojos de mis hijos, parece que “La Sociedad” tiene razón, que está en lo correcto, que la que me equivoco soy yo. Especialmente, y de esto no les culpo, si les favorece en términos jerárquicos.

La novia de mi hijo

Cuando llega el momento de las relaciones, intento e intentaré hablar con ellos del respeto mutuo, del sexo seguro, de lo que significa el consentimiento; que cada uno tiene su vida, su propio futuro que forjar; que está bien que cada uno conserve sus amistades, que no hay por qué controlar. Probablemente no la hago ni lo suficiente, ni muy bien.

Y cuando, como toda madre o padre, me imagino cómo sería la mujer que me gustaría como compañera de mis hijos (parece que somos, de momento, heterosexuales), pienso en lo normal, igual que ellos: que sea buena, feliz, sana, crítica, curiosa, justa, inteligente, sincera, consciente, y en lo que pueda, igualitaria. Y que no les pase ni una. Que ambos sepan detectar cualquier atisbo de maltrato de género y no lo justifiquen ni lo legitimen. Y que como, escribe Flor de Torres Porras, juntos rompan en mil pedazos los roles de chicos y chicas basados en patrones patriarcales.”

La violencia masculina es el mayor problema del mundo

Vídeo

Lori Day (*) escribió este  post, que traduzco a continuación, llamando la atención con su título-shock sobre la violencia masculina. Adelante, primero llean:

Supongo que soy una odia-hombres, por escribir un título así, usando mi teclado para disparar un tiro de advertencia de todo un género. No todos los hombres (#NotAllMen ) son violentos, y algunas mujeres si los son, y todxs sabemos eso, pero esta conversación sigue siendo el equivalente en Internet de enfundarse un chaleco suicida y detonarlo con el clic de un ratón.

Está la historia. Se registra y se recuerda y se cuenta y se repite. Hay estudios y hay ojos, que revelan la misma información. Los medios de comunicación están plagados de historias de guerra y genocidio y violaciones y la brutalidad policial y tiroteos e ISIS y la violencia doméstica. Todos estos artículos están repletos de enlaces directos con datos que actúan de apoyo a lo que es patentemente obvio. Yo no voy a enlazar a ninguna noticia ni investigación académica, porque cualquier persona que realmente necesita “pruebas” tiene Google, y no voy a hacer los deberes a nadie.

La violencia masculina es el peor problema en el mundo, ya que es a la vez catastrófico y no discutible. Por alguna razón hay un montón de angustiosa preocupación discutiendo sobre la religión de la violencia o la raza de la violencia, como si esos fueran los predictores más destacados o que definen mejor la brutalidad que ocurre a una escala global desde los albores del tiempo. Que el denominador más común de toda la violencia – desde una paliza hasta el asesinato de millones – sea poco investigado, que apenas nada se haya escrito, y que sea agresivamente negado es repugnante.

Mírame, refugiándome bajo la cabecera de un blog feminista, para no ser descuartizada por comentaristas masculinos no moderados en el vasto océano digital, desangrándome rodeada por una hambrienta jauría machuna. Esa es mi prerrogativa, y puede que algún día abandone si me convierto en masoquista o simplemente decido que mi solitaria vocecita se necesita urgentemente … por ahí. Por ahora, me acurruco entre personas cuerdas y racionales. Hablo desde una carpa tan alta como las estrellas, alrededor de un fuego que brilla intensamente en los rostros de aquellas que se envuelven en esa manta que abriga contra de un mundo indiferente, una carpa que la agresión masculina tiraría abajo si se deja de vigilar por sólo un momento.

Esto no se resolverá en lo que me queda de vida o la vida de mi hija, o nunca, y sin un reconocimiento catártico entre nosotros mismos como especie. Hasta que no se pueda hablar y escribir abiertamente sobre “la violencia de patrón masculino”, nada va a cambiar. Después de todo, si no podemos tener un diálogo directo y público acerca de quién está cometiendo la mayor parte de las atrocidades humanas, ¿cómo podemos esperar un mundo más amable y pacífico?

Una vez leí que cuando mencionamos “calvicie de patrón masculino,” nadie grita, “Pero no todos los hombres son calvos!” Por supuesto que no lo son. Pero la mayoría de las personas que pierden su cabello a medida que envejecen son hombres, a pesar de que algunas mujeres también. Sospecho que la mayoría de la investigación médica para la prevención o el tratamiento de la calvicie de patrón masculino no se está encontrando con campañas de troleo #NoTodosLosHombresSonCalvos o con las amenazas de muerte que suelen acompañar. Hay una cosa que se llama estadística, y por algún motivo hay hombres que pueden reconocer la prevalencia relativa de la calvicie en los hombres en comparación con las mujeres, y pueden apoyar la investigación para una solución médica que se basa en el estudio de la pérdida de pelo de los hombres. Y para muchos de ellos, la solución de la crisis de la calvicie de patrón masculino es mucho más importante que la solución del problema de la violencia de patrón masculino. Hacen alarde de su ensimismamiento sin un atisbo de su propia vergüenza.

Conozco a un montón de hombres que se preocupan profundamente por la violencia de los hombres contra las mujeres y en contra de otros hombres, y estoy muy agradecido por ellos. Pero demasiados hombres consideran esto una “cuestión de la mujer”, y oh cielos, ¿qué demonios significa eso? ¿Piensan estos hombres que las mujeres podemos detener la violencia masculina por nuestra cuenta? En plana magnánimo, se podría decir que esta gente no tiene ni idea o se podría decir que son optimistas. De cualquier manera, también hay que decir que no viven en la realidad.

La violencia es el último refugio del incompetente. No lo olvides nunca, y ni se te ocurra subestimarlo. Está arruinando el mundo. Pero no puedo terminar sobre nota, así que terminaré así:
La perseverancia prevalece sobre la violencia; y muchas cosas que no se pueden superar cuando están juntas, ceden cuando se les enfrenta poco a poco. ~ Plutarco
Así que poco a poco es cómo lo enfrentaremos.

Ahora recomiendo la lectura de Coral Herrera Los hombres y la violencia de género, y cito:

El 90% de los hombres son asesinados por hombres, el 95% de las mujeres, también. De cada 3 mujeres en el mundo, 1 sufre o ha sufrido violencia por parte de un hombre. Los feminicidios son consencuencia de la cultura patriarcal en la que vivimos, aquí unas claves para entender cómo educamos a los hombres en la cultura del machismo y la violencia, cómo podemos hacer para desaprender lo aprendido, y cómo adquirir herramientas para construir un mundo más pacífico e igualitario. 

CONTENIDO EXTRA

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Radical simplemente significa agarrar las cosas por la raíz. -Angela Davis

Tal vez algún día  los hombres se conviertan en protagonistas de su propia transformación, de transformar los roles de masculinidad hegemónica que están en la raíz de la violencia.

La voz de la autoridad masculina.

El sociólogo Michael Kimmel rememoraba la ocasión en que, impartiendo un curso universitario de estudios de género al alimón con una colega, el día que le tocó a él dar la clase, un alumno suspiró, “Finalmente! Una voz imparcial.” A su colega sencilamente no le tomaban en serio porque le iba algo en el asunto (otro día hablamos de androcentrismo).

Estos días de verano negro de violencia de género, escuchamos cada vez más voces masculinas, a pesar de que demasiados hombres siguen viendo la violencia de género como algo ajeno, que no va con ellos, como explica aquí Paco Abril, coordinador de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género de Cataluña (Ahige). Pues no es casualidad, como explica Miguel Lorente Acosta,

 “Estar en el camino que termina en la violencia es estar contra la identidad masculina y contra la cultura que la moldea con el barro de la desigualdad.”

Josetxu Riviere propone desde Gizonduz

“… sería necesario evitar que aparezca con mucha fuerza en el discurso un solo modelo de masculinidad alternativa: heteros, públicamente sensibles, al cuidado de criaturas, alejados del modelo externo más “viril”… Sería un mal asunto en estos tiempos de debate sobre los géneros, sexos e identidades establecer un nuevo modelo rígido. No creo necesario que para poner en cuestión la masculinidad tengamos que escribir nuevas reglas, nuevos modelos. Tengo mis serias dudas de que sea necesario ningún modelo que se apellide masculino o femenino. Tampoco tengo claro cómo hacemos para construir nuestra manera de estar en mundo lo más libremente posible sin establecer algunos modelos positivos de referencia. Podríamos partir de remarcar la importancia de la diversidad para que todas y todos nos sintamos reconocidos y legitimados. Habrá que seguir pensando – “
Puedes seguir leyendo aquí.
Os dejo con una par de “voces masculina autorizadas”:
Jackson Katz: “La Violencia contra mujeres es un asunto de hombres”

Y de nuevo Miguel Lorente Acosta, que por ser aliado, también es “traidor”

(*) Lori Day es psicóloga educacional, consultora y coach de parentalidad, en Lori Day Consulting in Newburyport, Massachussetts. Es autora de  Her Next Chapter: How Mother-Daughter Book Clubs Can Help Girls Navigate Malicious Media, Risky Relationships, Girl Gossip, and So Much More y habla sobre cómo criar niñas confiadas en una cultura de marketing y medios que les desempodera. Puedes conectar con Lori en Facebook, Twitter, o Pinterest.